A cualquier persona le hace sentir bien que su entorno la valore y apruebe de distintas maneras en las decisiones que toma o en las cosas que realiza. Esa situación se convierte en una mala dependencia que puede ser negativa o positiva, todo depende del punto de vista de donde se va.

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No existe ningún problema si seguimos siendo independientes aun cuando buscamos la aprobación de alguien más. Lo negativo puede radicarse en que, podrían existir ocasiones en las que dejamos de ser nosotros mismos solamente para ser aprobados por los demás.

Realmente, siempre será una mejor opción buscar tu propia aprobación que la de los demás. Te sentirás más tranquilo enfocándote en lo que realmente llena tu corazón.

 

Para que seas más consciente de las cosas que haces o dejas de hacer para conseguir la aprobación de los demás, debes identificar cada una de ellas basándote en tus pensamientos y emociones.

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Cosas que hacemos para lograr la aprobación de los demás, según el Dr. León F. Seltzer

 

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Siempre te pones bajo presión para hacer las cosas perfectamente:

Esta suele ser una conducta disfuncional que te obliga a tratar de hacer todo para tener aprobación. Esta manera de deshacerse de la desaprobación ajena no se asocia a la búsqueda de la excelencia, por lo contrario,  solo te empuja a no creerte capaz de hacer nada bien.

Ser el mejor no se liga a ser la mejor versión de ti mismo. Y aunque quizás si esté ligado, esto no lo sabrás hasta que dejes de concentrar tus esfuerzos en parecer perfecto ante los demás.

 

Evitas emprender proyectos personales:

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Si el éxito no está garantizado, evitas emprender ese proyecto deseado por miedo a lo que puedan decir los demás, cosa que resulta ser un error garrafal.

 

Las personas que consiguen el éxito, son las que más se han arriesgado sin prestar atención a la aprobación ajena. Confiando en sus propias capacidades han logrado llegar al cielo.

 

Te adelantas a la desaprobación ajena, manteniéndote en una distancia segura:

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El instinto que tienes por proteger tu ego, te obligará a interponer una distancia entre las personas y tú. Esto hará que jamás llegues a sentirte conectado con alguien más. Esta actitud se representa en distintas ocasiones a través de la ira.

 

Eres complaciente y excesivamente codependiente:

Puede que en la infancia, te hayas acostumbrado a poner los deseos de los demás por encima de los tuyos, lo que determinó que te sintieras siempre como una persona que debe mantener en un segundo plano.

 

Es probable que ahora en la adultez, todavía mantengas la costumbre de la infancia de ponerte en segundo plano todo el tiempo. Mantener esa actitud complaciente solo te hará asumir responsabilidades ajenas y no encargarte de ti mismo.

 

Seguro consideras que los demás te rechazarán si te pones como prioridad, y es precisamente por el hábito creado en la infancia de que los deseos ajenos siempre serían más importantes que tú mismo.