Somos seres humanos, llamados para ser amados y brindar amor, dispuestos ante una sociedad llena de interacciones mutuas y colectivas que determinan en muchas veces el rumbo de nuestras vidas.

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Como seres con esa necesidad de afecto, buscamos en una contraparte ser queridos, una reciprocidad o retribución por un carió o sentimiento que le podamos brindar. Pero en muchos casos esto no sucede.

Desde muy pequeños y en el momento que somos conscientes de nuestro entorno, buscamos la manera de decir “aquí estoy” al parecer conforme nos vamos desarrollando en esta sociedad se acrecienta la necesidad de amar.

Se nos hace difícil no establecer una relación afectiva con alguien, puesto que desde que llegamos a este mundo, estamos marcados a la interacción con otros. Pero cuando se nos rechaza, ¿tenemos suficiente amor propio?

 

Amate a ti mismo, como también a otros

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Jesús dijo: amen a Dios sobre todas las cosas y amen a su prójimo como a si mismos se aman. Pero se nos hace muy difícil entregarlo todo y recibir todo lo contrario. Quizá también una manera de expresar ese amor es con la distancia.

Pero, antes de entregar un sentimiento, es necesario que tengas en ti una alta estima y un amor propio, esta premisa se nos escapa de las manos cuando vamos desaforados a buscar el afecto de alguien que admiramos o queremos.

Si no podemos amarnos a nosotros estamos inevitablemente a merced del sufrimiento y el dolor que cualquier rechazo pueda ocasionarnos, por ello antes de exportar amor, debemos garantizarnos de tener amor propio.

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Ahora, si tal es el rechazo no queda más nada que hacer, soltar es crecer y el tiempo toma las riendas de nuestras vidas. Aunque a veces debemos sacrificar ciertas cosas para alcanzar otras, estamos para disfrutar la vida.

Y no ser esclavos de las decisiones y los sentimientos de otros.

 

Viviendo bajo libertad

Sentirse libre de expresar amor, de estar en una relación sin ataduras que nos mantengan a merced del miedo de la lejanía, es lo más saludable que se puede cultivar en la flor de la juventud.

Cuando nos involucramos sentimentalmente con alguien, como personas maduras, debemos llegar a acuerdos que no son absolutos y que se podrán ir adaptando en beneficio de la relación y no en detrimento del contrario.

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Lo que ocurre es que cuando las personas no tienen suficiente amor propio, están a la deriva de lo que el otro pueda ofrecerles, son independientes de la situación sentimental externa y la iniciativa queda relegada a otro plano.

 

Un tiempo para refrescar las ideas

Cuando pasamos por relaciones que no nos favorecen, hacer un tiempo de pausa para meditar en los orígenes de las dificultades es de suma importancia, ya que sin eso no podremos avanzar.

Es sano darse un espacio, colocar las cosas en el tiempo y ser paciente porque si se continua con un problema pesará por todo el camino y no nos hemos tomado la atribución de aligerar nuestras cargas.

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