“Nunca pensé que llegaría a vivir un siglo. Honestamente, todavía pensarlo me suena  demasiado tiempo, demasiada vida. Pero seguramente Dios tenía un buen plan para mí, y no quiero que se interprete como una suposición, porque en realidad lo estoy afirmado.

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Dios tuvo buenos planes para mi vida en general. Desde niña me gustó el amor, me encantaba sentirlo y vivirlo; soñar era mi pasatiempo preferido y vivir despierta también.

Siempre andaba correteando detrás de las mariposas porque tenía la ilusión de atrapar una, esta puede ser una metáfora aplicada al amor, que lo busqué muchas veces y me costó atraparlo.

De adolescente solo me gustaba escuchar las canciones más enamoradas y escribir a la vida en nombre del amor. Eso me llenaba el alma, eso lograba completar cada pedacito que tenía incompleto dentro de mí.

Si hablo un poco de lo que fueron mis padres, creo que decir que fueron las personas más maravillosas del mundo se queda corto. Describir a cada uno puede, todavía, ser difícil para mí, pero es fácil decir que los amé y los sigo amando con cada parte de mí ser.

Si de amigos expreso algunas palabras acerca de quienes fueron mis amigos verdaderos, me quedo justo con dos, dos de las personas más hermosas e increíbles de lo que fue toda mi vida.

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Amigos que, cuando necesité llorar, no dudaron en ofrecerme su hombro, incluso cuando envejecí y necesité reír, ellos, todavía después de cincuenta años, aparecieron para verme vivir.

De alguna pasión, ya lo comenté, en la adolescencia descubrí que mi pasión era escribir, y a ello me dediqué como si llegaría a ser la mejor del planeta tierra. Y ¿saben qué quedó de ese pensar exagerado?, pues llegué a ser la mejor escritora de mi tiempo, y hoy digo que eso me hizo ser plenamente feliz.

En mis hobbies siempre estuvo admirar a la luna cuando estaba en su máximo esplendor, invitándonos a conjugarla, a enamorarla, a besarla, a llenarnos un poco de su misticidad.

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De mis amores… ¿qué puedo decir?, mis amores fueron fugaces pero muy intensos. Cada uno fue especial, pero siempre pensé que no merecía a alguien que me amara únicamente a mí. En cada momento consideré que el amor era difícil.

Pero a mis 70 años me sorprendió con la persona más noble de la vida, quien sencillamente me enseñó que amar vale la pena aún después de casi una vida, porque no sabemos nuestro tiempo exacto en este plano.

Y de la vida… ¿qué les digo? La vida ha sido el regalo más hermoso que Dios me regaló. Con 100 años ya lo he vivido todo, y si me voy, no entristeceré, sólo estaré plenamente feliz y enamorada por haber vivido intensamente cada momento que se me atravesó.

Para vivir solo debemos sentir con cinco sentidos, y de vez en cuando, sacar el sexto para que entendamos que venimos a la vida para vivirla plenamente felices.”