Aquí se plantean 7 historias reales para no pensar mal de los demás. La intención es el análisis.

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Superación

  1. Todos los días cando me dirigía a llevar a mis hijos al colegio veía al mismo indigente en la misma esquina llena de suciedad y con solo unos perros de compañía.

Sinceramente no lo tomaba mucho en cuenta, para mí era un nadie incluso le decía a mí que en ese entonces tenía 6 años que se mantuviera lejos de personas malas como él.

Un día estaba en un stress tremendo, tenía una fuerte suma de dinero que llevar al banco, más la rutina diaria de llevar la nena al cole.

Sin saber cómo, donde  o el por qué perdí el sentido, me desmaye y desperté rodeada por un grupo de médicos y enfermeras.

Aquel que se ocupo de auxiliarme fue el indigente a quien yo ni veía.

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  1. Soy músico, o al menos eso intento, siempre voy al parque cercano a practicar, allí veía una señora sin techo que llevaba sus cosas en carro de súper, ella bailaba y disfrutaba mi música, incluso pedo afirmar que se molestaba cuando perdía una nota.

Yo tenía un muy mal día y no quería tocar, ella se sentó a mi lado, lo cual no fue tan desagradable, y me dio ánimos, pidió mi flauta prestada y toco la canción que yo tanto practicaba de una manera ejemplar, desde ese día practicamos siempre.

  1. Tenía un perro cuya raza es muy peligrosa, por como son educados, todos en el vecindario se apartaban cuando salíamos a caminar, siempre estaban cuchichiando a las espaldas.

Un día una nena con los ojos más bellos del mundo me pregunto, “lo puedo acariciar” a lo que dije que si con un solo movimiento de la cabeza.

Jugó un buen tiempo con el perro para el asombro de los presentes, por lo que no se debe juzgar.

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  1. Todos íbamos en la cuadra ibos en la misma clase, uno de los compañeros era un poco cayado y daba la impresión de ser odioso, sobresaliente siempre en las clases.

No se le veía ni en las tardes jugando en la cuadra, hasta que descubrí que tenía que trabajar hasta muy tarde en una fabrica cercana, mi mayor asombro fue verlo hacer la tarea con la luz del farol de la calle para no despertar a sus hermanos dentro de la casa.

En silencio me senté a su lado y simplemente lo ayude, reímos un poco y nos fuimos a dormir, 25 años después sigue siendo mi mejor amigo.

  1. Debido a una gran recesión económica por la que atravesó mi país obtener los alimentos cada vez era más difícil. Se trabajaba mucho y se conseguía poco.

Mis hermanos y yo siempre al volver de la escuela veíamos a la misma señora llena de gatos y de mal aspecto parada en la puerta de su casa, le gritábamos cosas y salíamos corriendo, ese diciembre mis padres preocupados por no tener ni siquiera que cenar durante la noche buena nos mandaron a dormir, cuando escuchamos la puerta, era la señora con un carrito lleno de la comida mas deliciosa que podía haber. Dijo no tener con quien compartirla y se sentó a la mesa con mostros, mi madre lloraba y mi padre agradecía a dios, y mis hermanos y yo desde ese día hasta la muerte de ella fuimos cada domingo luego de misa a ayudarla con los oficios de la granja sin pago alguno.

  1. Me molestaba mucho ver a un niño quien abusaba a la hora de hacer la fila en el comedor escolar y esperaba que se es cuidaran los trabajadores y se metía la comida a los bolsillos por lo que le daban otra porción, un día me lo conseguí por la calle y decidí enfrentarlo, pero me dijo que estaba muy apurado, que hablaríamos luego, sin embargo lo seguí acosando hasta su casa al estar en la puerta oí una oz que lo llamaba, así que entro y yo lo sé, su madre con una apariencia cadavérica lo esperaba en el sofá, su hermana menor sucia y descuidada estaba a su lado, lo vi tomar el pan de su bolsillo y partirlo en dos, mientras buscaba unos platos para compartir lo que había traído del comedor, me marche en silencio, ahora lo espero siempre a la salida de las clases y lo ayudo en su hogar y procuro siempre pedir a mi mama que me dé una buena porción para la merienda.
  2. Caminaba por el parque de regreso de mi turno en el hospital y allí veía como una señora de edad se hacía cariño con un joven apuesto, cierta repulsión paso por mi mente.

Un día al llegar a mi guardia, los vi en la sala de emergencia, el palidecía mientras ella sujetaba su mano, entre los susurros de el escuche que mencionaba la luna, y ella respondía “tranquilo hijo, hoy daremos el paseo por el parque y volverás a ver la luna, mientras te canto tu canción de cuna”.