El aprendizaje es una situación que se vuelve inagotable, puede llegar un día en el que se piense que se sabe algo, donde la experiencia dará lecciones que aún somos aprendices.

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Ya sea que se tiene la capacidad de verse medio lleno, mientras que para otros esté esta medio vacío la verdad es que serán las dos cosas.

Se deben ver lo bueno y lo malo, lo positivo y lo negativo existe y están allí. En este sentido se tiene la elección de ser positivo o negativo y ambas tendrán sus razones.

 

Aquí te mostramos 5 razones por las que no vale la pena ser pesimista:

  1. Un pesimista dirá que se debe ser realistas, con los pies en la tierra, mientras que el optimista mirara hacia el futuro buscando la solución, no permitiendo así que las circunstancias gobiernen los resultados.
  2. El pesimismo no perite el avance, sólo se queda masticando sus propios problemas, enfocándose en conseguir culpables. Aquel que mantiene un pensamiento positivo estará buscando la manera de resolver sus problemas.
  3. El pesimista encontrara escusas, responsabilizando así a otros o a las propias circunstancias, pensando que tiene los pies en la tierra, pero el optimista centra su visión en las posibilidades que tendrá al hacerse responsable de la situación.
  4. Mientras el pesimista se queja y se queda en un rincón por carecer de una imagen clara del mañana, el optimista revivirá con pasión su energía, se levantará con más ánimo a conseguir la victoria.
  5. El sentimiento de estar derrotado es común entre los pesimistas, estos apagaran el entusiasmo, se entregan y se rinden, mantienen un ego muy pesimista que les hace apostar por la derrota.

Los pesimistas miran sólo lo negativo de las cosas

En resumidas cuentas, no vale la pena ser un pesimista, siempre estará en la búsqueda de minuciosos detalles, sujeto a lo que llaman las críticas constructivas, las que se convierten en una herramienta para poder sobresalir.

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Un pesimista puede llegar a convertirse en una persona exótica que corrompe el alma, impidiendo el progreso, en el momento más frágil de un proyecto que siempre será en el inicio, cuando sólo la fe del emprendedor sea lo que lo aviva.

Sí, en este punto un pesimista llegara con su ojo avizor a encontrar defectos, a señalar detalles de que serán inútiles y correcciones innecesarias, los cuales se irán ajustando sobre la marcha en la experiencia del proyecto.

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Por lo anterior, siempre será buena idea mantener al pesimista alejado de las fases iniciales de un proyecto, quizás al final, cuando este ya se encuentre listo para salir a la luz pública será que el ojo crítico del pesimista llegue a ser útil.

Esto sólo por que el emprendedor optimista puede llegar a excederse e ignorar ciertos detalles negativos, que por su propia forma de ser son desechados, por lo que el pesimista hará las veces de la contraparte.