Antes de caminar en dirección hacia algún lugar, debes tener en mente a dónde quieres llegar.

 

Si no tienes un objetivo claro, es muy difícil que puedas seguir adelante. Dejarás que te arrastre todo lo negativo hacia quién sabe dónde y vivirás por inercia. Pregúntate qué te lleva a levantarte cada mañana para seguir luchando con las dificultades propias de la existencia y entenderás de qué va tu sentido de vida.

 

Ese algo es el combustible personalizado para ti, disponible para encender tus ganas de seguir adelante. Ese que te lleva a combatir la flojera, las excusas, los malestares. Ese que te mueve hacia la dirección correcta y que imprimas el esfuerzo necesario para lograr todo lo que te propones.

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Se lee fácil, pero realmente o lo es. Te tomará tiempo digerir y trabajar en todos esto. Experimentarás numerosos rechazos, cuestionamientos, críticas y errores, pero eso no debería hacerte desistir. Si tienes a la mano la resiliencia como guía, tomarás lo mejor de cada experiencia sin importar su naturaleza.

 

¿Y de qué va esto de la resiliencia? Pues se trata simplemente de una capacidad que todos los seres humanos tenemos, en mayor o menor grado, de sobreponernos a la adversidad, y es vital para lograr tus metas por cuanto te permite aprovechar cada momento en su justa medida.

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Nunca dejes a un lado tu capacidad de ser resiliente y serás como las ramas de bambú: lo suficientemente firmes como para mantenerse en pie y lo suficientemente flexibles como para tolerar el paso de los vientos.