Ferruccio Lamborghini era el menor de una familia de granjeros de uvas que siempre tuvo una fijación por los autos y la mecánica. Luego de servir en la Real Fuerza Aérea italiana en la Segunda Guerra Mundial, inició con la transformación de vehículos de guerra en tractores para granja. Su ingenio le permitió hacerse de mucho dinero y comenzó a comprarse muchos automóviles, entre ellos un Ferrari. Lo amaba, pero el ser minucioso lo hizo indagar aún más sobre su auto, por eso decía que  los automóviles Ferrari eran demasiado ruidosos  y toscos para maniobrar en el camino.

EL Ferrari de Ferruccio Lamborghini se descompuso meses después. Al tratar de arreglar el auto, el granjero notó que el clutch era el mismo que utilizaba para sus tractores. Por lo que al momento de reclamar resaltó este hecho tan particular. Ferrari se ofendió y le respondió diciendo que no era más que un constructor de tractores “que no sabía nada de autos deportivos”. Humillado por lo que acababa de escuchar, nació una rivalidad entre ambos.

Inmediatamente de lo que pasó comenzó a surgir la competencia para Ferrari. Lamborguini inauguró una fábrica en Sant’Agata Bolognese y tan sólo cuatro meses después de la confrontación con Ferrari, develó el Lamborghini 350 GTV en el Motor Show de Turín de 1963. Para finales de 1964, Lamborghini había vendido sus primeros 13 autos.

La rivalidad yo es tan latente. Pero esta historia nos deja una gran enseñanza sobre el trato que se le da a los clientes insatisfechos.  Nunca sabes quién puede convertirse en tu competencia.