Las apariencias también nos pueden engañar. A veces pensamos cosas así:

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  1. Si siempre fue desobligado y deshonesto en la escuela, ¿qué me hace creer que será buen empleado?
  2. Si así está su escritorio, ¿imagínate cómo estará el orden de su vida?
  3. Si así está el exterior de la casa, ¿cómo estará el interior?
  4. Si así de sucio y descuidado está el baño para los clientes en el restaurante, ¿cómo estará la cocina?

El entorno de tu hogar influye en tu actitud y en la forma en la que los demás te tratan. Una investigación que realizó una Universidad de Estados Unidos: Colocaron dos vehículos en dos diferentes zonas de la ciudad. En una zona residencial colocaron un auto de reciente modelo, pero sucio y con un vidrio roto. En una zona popular, colocaron el otro automóvil, similar al primero pero impecable; limpiecito, brillante, sin un solo daño. ¿Cuál vehículo fue dañado por los vándalos o vecinos del lugar? Parecerá increíble, pero fue el que estaba en la zona residencial ¿Por qué? es muy sencillo, el otro imponía respeto.  Esto demuestra que lo descuidado, lo sucio y lo de mala apariencia, invita a que se le dañe más.

Desechemos los vicios y las malas actitudes de nuestra forma de ser, para vivir mejor. Hagamos un espacio más digno en nuestro entorno: evitemos cajones y espacios  atiborrados de cosas desechables, inservibles, inutilizables. Tíralas, desaparécelas de tu vista y dona las que a otro le sirvan. Aclarando tu entorno, verás más clara tu vida, la energía fluirá mejor y en tu hogar siempre reinará la armonía.